26 MARZO 2017

Apenas seguimos incrédulos, frotándonos los ojos  ante el primer Bou de les Penyes y ya estamos contando los días para su segunda edición.

Y no, no soy para nada exagerado. Desde zagal, siempre he querido ser uno de esos hombres (por fortuna, ahora también hay mujeres) que llevan “la corda del bou” en mi querida ciudad, donde se han criado mis mayores y encima, ahora, puedo hacerlo luciendo mis colores y lo más importante, con mis amigos.

Mucha gente se pregunta el porqué de este nuevo festejo taurino en Ontinyent y más cuando aquí, se llevan varios siglos haciendo “bou en corda”. Pues bien, voy a intentar explicarlo según lo he vivido, sin tapujos, pero siempre bajo un prisma de opinión personal. Que conste.

Después de  años de tira y afloja sin ningún acuerdo de cooperación entre las asociaciones existentes a la hora de ser profetas en su tierra, se ha puesto fin a la disputa otorgando a cada una de ellas su propio festejo taurino (aunque dos de ellas lo compartan) en una especie de, cada uno en su casa y el toro en la de todos. Aclaro también, que este acuerdo recoge que en caso de surgir una nueva asociación taurina, se vería obligada a anexarse al Bou de les Penyes. De ahí, su nombre.

Puede parecer absurdo que habiendo tres asociaciones y tres toros en el “bou de la Puríssima” no caiga por su propio peso la solución. Pero es que si en 1860 nos hubiésemos conformado con lo que había sin darles voz ni voto a aquellos que querían hacer las cosas con una personalidad distinta (totalmente respetable), a día de hoy, todos seríamos kábilas o marineros y no gozaríamos con la riqueza de tener 24 comparsas. ¿Se entiende, verdad? No estoy incitando a la proliferación de asociaciones taurinas, esto es algo más serio pero la comparación me parece clarificadora.

Y retomando el festejo en sí, cabe decir que pese a que los estrenos siempre son complicados, el del Bou de les Penyes fue un rotundo éxito tanto en organización, en participación como en colaboración.

Hubo de todo. Los amantes del “bou en corda” disfrutamos de nuestra afición con unas temperaturas de escándalo. Los devotos del ocio apoyaron la oferta lúdica de la ciudad con entusiasmo. Los organizadores más que satisfechos por contentar a propios y extraños y los verdaderos protagonistas de vuelta a sus hábitats, sanos y salvos.

Por cierto, una de las anécdotas que más me llamó la atención y es la ver como D. Vicente Aliaga Sanchis (el Bessó), siguió preparando con ilusión las cuerdas que estrenamos ese día. Extendió y ablandó las maromas de polipropileno en las calles de su barrio de la Vila como tantas y tantas veces ha hecho a sus ochenta y largos años de edad.

Seguro que será una efeméride parecida  a cuando en el año 1558, Gaspar Urgelles dejó una cuerda para un acto público. Convirtiéndose así, en la primera vez del “bou en corda” de Ontinyent.

Anécdotas aparte, no quiero permanecer ajeno a esa minoría detractora del Bou de les Penyes y en definitiva, del bou en corda. Tampoco voy a repetir mis argumentos de taurino selectivo tal y como expuse en uno de mis anteriores posts pero sí me gustaría aclarar, que esto no se trata de convertir al toro en objeto de diversión sino, más bien en una competición física de duración limitada.

Un divertimento aprovechándose de un animal es que un caballo muera exhausto por tirar de una calesa llena de turistas, durante varias horas y con un calor sofocante. Horroroso.

También se reivindica que no es una fiesta para niños/as. ¡Pues claro que no! ¿A qué padre en su sano juicio se le ocurre exponer a su pequeño/a en favor de un animal de 600 kg capaz de matarle en un suspiro?

Para los chiquitines de la casa está la matinal infantil. Una especie de gymkana de talleres de pintura facial, carreras con carretones y familiares haciendo fotos y vídeos sin parar.

Como siempre, nunca llueve a gusto de todos, pero bajo un punto de vista colectivo, creo que el Bou de les Penyes es algo positivo que quiere echar raíces a fin de consolidarse en la primavera ontinyentina.

Y en lo personal, aplaudo lo conseguido ya que es la solución que más agrada y beneficia a todos los implicados. Lo conveniente ahora es hacer borrón y cuenta nueva, estrechar o reparar vínculos y que cada año sea más larga la lista de asociaciones a invitar. Hoy por ti, mañana por mí.

Bon vent, bona barca i bon bou!
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