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Mark, o cómo Ontinyent decidió tener un hermano sueco

En mi infancia viajé mucho en coche. Entre los cientos de recuerdos de estos trayectos, recorriendo España, uno de los que más tengo presentes era éste en el que por fin llegaba al destino y junto al característico cartel que te anunciaba que entrabas en el término municipal se encontraba aquel que revelaba que la localidad era hermanada en otra ciudad extranjera. En ese momento no tenía muy claro que significaba ese hermanamiento. Y para ser completamente sinceros, tampoco ahora.

Ontinyent no iba a ser menos y en septiembre de 2002 el pleno del Ayuntamiento, con José Manuel Torró como concejal de Promoción Económica y Rafael Portero como alcalde, aprobaba iniciar los trámites para hermanarse con Mark, un municipio en el suroeste de Suecia “con unas características económicas similares a las de Ontinyent”, como por ejemplo la industria textil.

Esta propuesta llegaba después de otra similar en la que también se había aprobado empezar los trámites para crear este tipo de vínculo con el municipio Diez de octubre de La Habana. La relación con los cubanos quedó en un cajón, pero el 1 de julio de 2004 se firmaba, en Ontinyent y ya con Manuel Reguart como primer edil, el convenio que hacía oficial el hermanamiento con Mark. ¿Pero cuál ha sido de nuestros hermanos suecos?, ¿en cuál ha quedado este hermanamiento dos décadas después de que se iniciaron las relaciones.

Intercambios culturales

Como en toda relación, sus inicios fueron intensos. En 2005 se abrieron intercambios juveniles que se produjeron durante varios años. Alumnos de Ontinyent visitaban y conocían la cultura de este municipio del condado de Västra Götaland. Más allá de los intercambios, en 2006 la Comisión Europea llegó a premiar el hermanamiento con una Estrella de Oro, por un proyecto que destacaba las similitudes de estas dos localidades que unían el norte de Europa con el sur.

Hace diez años, en 2012, un grupo de mujeres adultas procedentes de Mark y estudiantes de castellano viajaban a conocer la capital del Valle de Albaida acompañadas por sus profesoras. En ese momento eran recibidas por el actual alcalde, Jorge Rodríguez. En ese momento, tan sólo una década después, parece que la relación se había enfriado, el enamoramiento había terminado y el hermanamiento se había reducido a ello, visitas e intercambios culturales, que poco a poco fueron a menos.

En 2014, la Revista El Llombo publicaba el artículo 'Ontinyent-Mark. 10 años de un hermanamiento de espaldas'. En éste se ponía de manifiesto que, más allá del “montaje” a la hora de firmar el convenio, no se aprovechó esta vinculación para llegar a acuerdos en el ámbito empresarial, administrativo, de inmigración o formación, entre otros cuestiones.Desde el Ayuntamiento de Ontinyent recuerdan que la última acción se llevó a cabo en 2018 y siguió la misma tónica: un intercambio juvenil.

Ahora, veinte años después de que se sembrará la semilla de esta relación, parece que lo poco que brotó se ha estropeado. Con una pandemia de por medio, que parece servir como comodín y cabeza de turco para cualquier cuestión, actualmente no existe ninguna relación activa entre Ontinyent y Mark. Tampoco existe sobre la mesa ningún proyecto para reanudar la relación con nuestros hermanos suecos, a pesar de que el consistorio no descarta intentar reanudar el hermanamiento.

En un contexto geopolítico y empresarial cada vez más complejo y tenso, puede que no hubiera venido mal que el vínculo Ontinyent-Mark realmente estuviera consolidado. Como siempre el tiempo, y la voluntad, dirá si estos dos pueblos pueden todavía reanudar esta relación, o si ya más que hermanos son como estos dos primos lejanos con los que compartiste algunas vacaciones ya los que ya casi ni recuerdas. Eso sí, siempre nos quedará ese cartel en la entrada de Ontinyent.