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Pau Vicente, el arte de convertir un esbozo digital en un ninot fallero

La llegada del mes de marzo es sinónimo de pólvora y fuego artificiales. Las Fallas han vuelto al fin con todo su esplendor tras los estragos provocados por la pandemia. A tan sólo dos días de que estos monumentos artísticos sean pasto de las llamas, hablemos con un artista fallero. Él es Pablo Vicente, un joven de veinticuatro años de Ontinyent, que hace unos meses descubrió la pasión por este oficio, un oficio que describe como “hermoso“Pero que detrás esconde muchas horas de sacrificio.

Por sus manos han pasado 8 fallas que en estos momentos lucen en los municipios de El Palmar, Ribarroja de Turia, Xirivella, Mislata y cómo no, el epicentro de esta festividad, la ciudad de València. Un trabajo artesanal que implica muchas disciplinas, pero que fruto de sus estudios de Bellas Artes y el Máster en Producción Artística, que ahora mismo está cursando, se ha podido desenredar con destreza.”Mi contacto en este oficio comenzó hace poco, cuando terminé la carrera y lo compaginé en el máster, fue en ese momento cuando consideré oportuno dar la cabeza”, describe.

En los últimos meses, Benicalap se ha convertido en su segunda casa, allí se encuentra la Ciudad Fallera, un conglomerado de naves convertidas en talleres, donde pasan gran parte del año los artesanos que construyen estos monumentos artísticos.

Aunque se trata de un oficio muy manual, en los últimos años la tecnología ha empezado a ocupar un espacio cada vez mayor en su proceso de elaboración. La robótica, las impresoras 3D y el software de diseño digital se han convertido en herramientas clave para el resultado final de estas esculturas. “Los avances tecnológicos están abarcando ya todos los campos y las fallas no iban a ser menos. Ahora una falla nace de un esbozo digital”, cuenta el joven.

Puertas adentro, este oficio está lleno de contratiempos de última hora, la cantidad de detalles que requieren estos monumentos implican mucha disciplina y concentración por parte del artista, aun así también hay tiempo para sorprenderse. “Lo que más me ha sorprendido es el interior de una falla, porque al final la cara visible de una falla es que esté bien pintada, escamada, pero porque toda la estructura aguante hacen falta muchas horas de construcción de torres , de carpintería, de pelearte con espacios pequeños donde cuesta mucho clavar un palo y acabas haciendo auténticas ingenierías para que el monumento quede plantado”, describe.

Sobre si en un futuro se ve trabajando en este oficio, así lo define Pau: “Yo creo que a corto plazo sí, porque hace poco he metido la cabeza, pero en un futuro lejano no sabría decirte porque me queda mucho por conocer. Al final muchos artistas abandonan este trabajo o lo compaginan con otras profesioneser falta de beneficios y porque quieren asegurar el futuro“, concluye.