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1.000 euros por apretar un tornillo

Hablemos del precio de una web o de los servicios adicionales de diseño gráfico, redacción de contenidos o marketing online.

Es el eterno dilema de los que vendemos un servicio profesional y más si lo hacemos online.

Dice uno de los gurús de la venta de servicios en infoproductos online Raimon Samsó que no trates nunca de vender por precio sino por valor. Me explico. No se trata de hacer entender que la referencia no es el importe del P.V.P sino todo lo contrario, la referencia debería ser el coste que le supone al cliente solucionar su necesidad.

Estamos en semanas de feria en Ontinyent y me viene muy bien porque en la feria no hay fidelización. Si compras en alguna de ‘les paraetes’ suele ser por impulso. Tal vez nunca vuelvas a ver al vendedor y lo sabes.

En ese entorno de fiesta y diversión las compras no son reflexivas y seguramente que no resuelvan un problema latente más allá del apetito a medida que pasan las horas, la oportunidad si vemos alguna prenda o utensilio que “no nos vendría mal”.

En cambio en las compras de un servicio profesional estás comprando la experiencia y por supuesto entra en juego la reputación.

Estás comprando la forma de alcanzar lo más rápido y seguro posible tus objetivos de, por ejemplo, comunicación y visibilidad, promoción de tu negocio o conseguir más clientes y más ventas.

Cuando una empresa se plantea contratar una página web (o cualquier otro servicio de profesionales online) el precio de venta no debería ser el factor de comparación de ofertas.

El proceso para fijar el precio debería ser lo que esta web va a aportar al negocio.

¿Hablamos de tener un catálogo online? Pues comparemos con coste de diseño e impresión de uno físico.

¿Pretendemos un espacio donde compartir novedades? Pues comparemos con la publicación de estas noticias en boletines profesionales o de alcance general.

¿Buscamos llegar a nuevos clientes? Deberíamos compararlo con la contratación de un vendedor o comercial.

Diseñar un logotipo, redactar un texto o construir una web puede parecer sencillo para el profano pero conseguir lo que con ello se pretende ya es otra cuestión, que requiere de una formación y experiencia previa del profesional que lo proporciona.

Es como aquel que pasa su factura de 1.000 euros por apretar un tornillo y el cliente enfadado por el precio le pide la factura detallada y al entregarla lee:

Apretar el tornillo 1€,
Saber el tornillo que había que apretar 999€

Que paséis buenas jornadas de feria y si encontráis alguna ‘paraeta’ que vende webs comprar la semana después que sale más barata ;-).

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